jueves, 5 de junio de 2008

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del libro, sapiencia absurda, capítulo perdido, sin versículos, sólo unos números weones



El elegante caminaba por Príncipe de Gales con el mentón en alto y mirando hacia abajo. Era como si fuera respirando mierda, cuando me lo encontré me miró con asco y supremacía. Me preguntó qué hacía y sin que le respondiera me anticipó que él estaba trabajando en esto y lo otro. Hasta me dijo cuánto le pagaban. Yo le ofrecí una mentita y me fui sin decir más.

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